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martes, 19 de junio de 2012

Cerveza y literatura: Robert Louis Stevenson


Robert Louis Balfour Stevenson (Edimburgo, Escocia, 13 de noviembre de 1850 - Vailima, cerca de Apia, Samoa, 3 de diciembre de 1894) fue un novelista, poeta y ensayista escocés. Stevenson, que padecía de tuberculosis, solo llegó a cumplir 44 años; sin embargo, su legado es una vasta obra que incluye crónicas de viaje, novelas de aventuras e históricas, así como lírica y ensayos. Se le conoce principalmente por ser el autor de algunas de las historias fantásticas y de aventuras más clásicas de la literatura juvenil, La isla del tesoro, la novela histórica La flecha negra y la popular novela de horror El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, dedicada al tema de los fenómenos de la personalidad escindida, y que pueden ser leída como novela psicológica de horror. Varias de sus novelas continúan siendo muy famosas y algunas de ellas han sido varias veces llevadas al cine en el siglo XX, en parte adaptadas para niños. Fue importante también su obra ensayística, breve pero decisiva en lo que se refiere a la estructura de la moderna novela de peripecias. Fue muy apreciado en su tiempo y siguió siéndolo después de su muerte. Tuvo continuidad en autores como Joseph Conrad, Graham Greene, G. K. Chesterton, H. G. Wells, y en los argentinos Bioy Casares y Jorge Luis Borges.

Pues bien, todo eso es muy interesante, pero lo que nos importa ahora, es que escribió un poema sobre la cerveza de brezo que hacían los pictos, una confederación de tribus que habitaba lo que actualmente es el norte y centro de Escocia, desde tiempos del Imperio Romano. Era un pueblo granjero que vivía en pequeñas comunidades criando caballos, ovejas y cerdos al igual que otros pueblos celtas.

Se supone que esta cerveza lleva flores de brezo, por eso la llaman heather ale, se producía en Escocia desde el año 2000 a.C y se utilizaba el brezo, precisamente como precedente de lo que ahora es el lúpulo. Hoy en día, una cervecera escocesa sigue haciendo este estilo, así que si queremos, podemos probarlo, aquí podéis ver una buena reseña y aquí podéis leer algo más sobre la cerveza y sobre la historia del poema.

Sin más dilación, os dejo con el poema que Stevenson le dedicó a esta cerveza:

De las campanillas del brezo
Lograron una bebida excelente
Mucho más dulce que la miel
Y más fuerte que el vino.
La elaboraron y bebieron,
Y vivieron en paz años y años
En sus moradas bajo la tierra.

Hubo un rey en Escocia
Cruel con sus enemigos
Batió a los pictos en batalla
Y los cazó como corzos
Persiguiéndolos millas y millas
Por la montaña roja.
Los cazó mientras huían,
Cubriendo sus cuerpos enanos,
Cadáveres y heridos.

Llegó el verano a esas tierras
La campana del brezo estaba roja
Pero no quedaba nadie con vida
Para recordar la receta.
En tumbas, como de niños,
Los cerveceros del brezo
Yacían sin vida.

El rey del páramo rojo
Cabalgaba un día de verano
Las abejas zumbaban, y los zarapitos
Chillaban en el camino.
El rey cabalgaba, iracundo,
Sombrío su semblante y pálido,
Por estar en tierra de brezos
Y no poder gustar su cerveza.

Sucedió que sus vasallos
Cabalgando por los alrededores
Encontraron una piedra caída
Que escondía unas sabandijas.
Arrancaron de su escondrijo,
Sin que dijeran una palabra,
A un hijo y su padre anciano,
Los últimos del pueblo enano.

El rey desde su montura
Contempló a los pequeños hombres,
Y la pareja de enanos
Miró a su vez al rey, quien les dijo:
"Os perdonaré la vida, bellacos,
por el secreto de la bebida".

El padre y el hijo contemplaron
Cielo y tierra, el rojo brezo alrededor,
A lo lejos el bramido del mar.
Se levantó el padre
Y dijo con voz chillona:
"quiero unas palabras en privado,
unas palabras con el rey".

"La vida es cara a los viejos,
poco significa el honor,
venderé con placer el secreto",
así habló el picto al rey.
Su voz era como la de un gorrión
Chillona pero muy clara:
"Venderé el secreto,
pero temo por mi hijo

A él la vida no le importa
La muerte no asusta a los jóvenes
Y yo no me atrevo a vender mi honor
Delante de mi hijo.
Llévatelo, oh rey, y átalo
Y lánzalo a las profundidades
Y así podré desvelar el secreto
Que he prometido guardar".

Agarraron al hijo y le ataron
Cuello y talones a una correa
Y un hombre lo lanzó como una piedra,
Lejos, con fuerza,
Y el mar se tragó su cuerpo,
Como el de un niño de diez años.
Y en el acantilado quedó el padre,
El último de su pueblo.

"Es verdad lo que os dije,
que sólo temía a mi hijo
porque dudo que los imberbes
tengan coraje.
Pero ahora la tortura es inútil,
El fuego será en vano.
En mi pecho morirá
El secreto de la heather ale".

martes, 29 de mayo de 2012

Cerveza y literatura: Bukowski

Hoy empiezo una nueva sección del blog en la que voy a hablar sobre obras literarias en las que se hable sobre cerveza. Para el que no lo sepa ha habido muchos escritores de todo tipo amantes de la cerveza, desde filósofos, como Hegel, lo cual le sirvió para ser insultado por Schopenhauer, hasta Chesterton, famoso defensor de las virtudes de nuestro querido líquido.


No puedo empezar por otro que por el famoso poema de Bukowski llamado precisamente "Cerveza". Este poema no es, precisamente, un canto a las bondades de la cerveza artesana, ni a sus cualidades, ni a sus implicaciones políticas o económicas si las hubiere. Este es un poema de Bukowski y, para el que no lo sepa, eso significa que es realista, sucio y duro. Lírico, pero sin andarse con rodeos ni ser naif, pero es un poema sobre cerveza, me gusta y el último verso es sublime (en sentido kantiano).

Para el que no lo sepa, Charles Bukowski (1920-1994) es considerado uno de los escritores estadounidense más influyentes y símbolo del "realismo sucio" y la literatura independiente. Bukowski ha sido traducido a más de una docena de idiomas, incluidos español, francés, alemán y portugués. Es visto como icono de la decadencia estadounidense y de la representación nihilista característica después de la Segunda Guerra Mundial, lo cual se ve representado en su falta de ambición y compromiso con él y con el resto del mundo. Hay gente que le vincula con la Generación Beat, por las similitudes en el estilo y en el contenido, pero esta asociación no es acertada, por lo menos desde mi punto de vista, por una diferencia muy grande: los Beat tienen un tono épico, Bukowski no, es un perdedor y un borracho y se regodea en ello, una prueba es este poema.


“Cerveza”

No sé cuántas botellas de cerveza
consumí mientras esperaba que las cosas
mejoraran.
No sé cuanto vino, whisky
y cerveza,
principalmente cerveza
consumí después
de haber roto con una mujer
esperando que el teléfono sonara
esperando el sonido de los pasos,
y el teléfono no suena
sino mucho más tarde
y los pasos no llegan
sino mucho más tarde.
Cuando el estómago se me sale
por la boca,
ellas llegan frescas como flores en primavera:
-”¿Qué carajo hiciste?
Pasarán tres días antes de que puedas follarme”
Una hembra dura más
vive siete años y medio más
que el macho, y toma muy poca cerveza
porque sabe que es mala para la
silueta.
Mientras nos volvemos locos
ellas están fuera
bailando y riendo
con muchachos divertidos.
Bueno, hay cerveza
bolsas y bolsas de botellas vacías de cerveza
y cuando levantas una
se desfonda
y las botellas caen
rodando
entrechocándose
derramando ceniza gris húmeda
y cerveza vieja
o las bolsas caen a las 4
de la mañana
produciendo el único sonido en tu vida.
Cerveza
ríos y mares de cerveza
cerveza, cerveza, cerveza.
La radio pasa canciones de amor
mientras el teléfono permanece en silencio
y las paredes se ciernen
y cerveza es todo lo que hay.

Charles Bukowski